La Gaceta de Masía Aitona

Villafamés, el pueblo de la "roca grossa"

                                          

Encaramado en lo alto de un cerro, y coronado por un castillo de roca arcillosa, se encuentra Villafamés, a menos de un cuarto de hora en coche desde Masía Aitona. Un pueblo que figura en la lista de los más bonitos de España y, sin duda, uno de los pueblos de visita obligada si viajamos a la provincia de Castellón. https://www.lospueblosmasbonitosdeespana.org/comunidad-valenciana/vilafames.

 

Su ubicación es quizás uno de los aspectos más atractivos.  La roca se hace pueblo, es como si en vez de un monte, la naturaleza hubiese esculpido Villafamés a su medida. De los tres pueblos más visitados de la provincia: Morella, Peñíscola y Villafamés, éste es el más pequeño pero no el que menos puntos de interés turístico ofrece.

 

“Mole de piedra roja arcillosa que sorprende al viajero. Villafamés entre olivos, viñedos y bancales de piedra seca. Testigo de conquistas y reconquistas, de guerras carlistas, y de resistencia del bando republicano en la guerra civil. Roca roja y cielo azul Mediterráneo.”

 

Para iniciar la visita lo más recomendable, y de hecho, lo permitido en temporada alta, es aparcar el coche en el parking municipal habilitado en la zona más accesible. A partir de esa zona bien indicada, al entrar  al centro urbano, a mano derecha, empieza la subida a pié,  hacia la pequeña plaza mayor, desde donde de verdad empieza el ascenso hacia el castillo.

“Mole de piedra roja arcillosa que sorprende al viajero. Villafamés entre olivos, viñedos y bancales de piedra seca. Testigo de conquistas y reconquistas, de guerras carlistas, y de resistencia del bando republicano en la guerra civil. Roca roja y cielo azul Mediterráneo.”

 


La primera sorpresa que nos encontramos en la subida por la calle de la Font,  es la colosal “Roca grossa”,  de 2.163 kilos y un volumen de 832 m3. No impide el paso al viajero pero sí que parece avisar del peligro inminente de caída si no se cuida el entorno. Nadie sabe cómo ni por qué se encuentra ahí, cuenta la leyenda que si se acaricia la roca se pueden pedir tres deseos, aunque la “grossa” sólo te concederá uno de ellos. Otra leyenda de las tierras de l´Alcalatén…

 

Una vez pedidos los deseos, seguimos el ascenso por la calle de la Font, flaqueada por algunas terrazas y tiendas de recuerdos dónde venden vino y aceite locales, de buena fama y mejor calidad.

 

Las calles se van estrechando, y van formando una judería medieval que conduce a la iglesia Mayor y al castillo-fortaleza. Calles de muros encalados, con remates de piedra rojiza y hiedras que esconden los blasones de algunas casonas palaciegas.

Pueblo de pintores, Villafamés también cuenta con un Museo de Arte contemporáneo: https://www.macvac.es/. Merece la pena hacer una parada para visitarlo y contemplar las obras de autores locales, como los bodegones hiperrealistas de Claudia de Vilafamés, de la escuela de Antonio López. http://claudiadevilafames.net/ .


A continuación, seguimos nuestro paseo hasta llegar a una explanada que antecede a la entrada principal de la Iglesia Mayor en honor a la Virgen de la Asunción. Las vistas desde allí al pueblo y a todo el entorno son sencillamente espectaculares. Si decidimos entrar en la iglesia, nos encontraremos con una construcción de finales del siglo XVI, de estilo barroco.


Todo esfuerzo conlleva una recompensa, y si además el premio consiste en mejorar aún más lo ya conseguido, alcanzar por fin la cima de Villafamés es un regalo para los cinco sentidos.


Justo delante del acceso al castillo, hay una placita pequeña, que apenas cuenta con un banco para sentarse que se llama “Plaza de la sangre”. A mí personalmente me encanta este lugar, no suele haber gente y ofrece unas vistas únicas sobre la torre principal del castillo de origen árabe.


Fue conquistado por Jaime I el fundador de la Comunidad Valenciana, en el año 1235. De los árabes pasó a la Orden del Temple y posteriormente al Maestrazgo de Montesa. Durante las guerras Carlistas, esta localidad también tuvo su protagonismo ya que fue escenario de varios enfrentamientos entre los isabelinos y las tropas de Cabrera (el León del Maestrazgo Carlista), Serrador y Forcadell.


Al igual que desde el exterior de la Iglesia, las vistas panorámicas desde el castillo son impresionantes. Llegar sin aliento ha merecido la pena, sin duda. Y como no sólo de la vista vive el hombre, para recuperar las fuerzas que hemos consumido al subir hasta la cima, siempre podemos probar las delicias culinarias de Villafamés.


Volvemos a bajar por las calles estrechas hasta la plaza, y en cualquier terraza de las que se ubican allí, o en la calle de la Font, podemos empezar con unos buenos caldos de la bodegas locales y unas almendras fritas con aceite y sal como aperitivo.

A continuación, no podemos irnos de Villafamés sin probar la olleta, el tombet o una buena carne a la brasa con alioli. Y por supuesto, el colofón, con sus postres almendrados, y su famosa coca de harina. ¿Apetece la visita a Villafamés verdad?.

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